Hoy, catorce de agosto, cumplo veintiún años. Me llamo Lorena y estudio literatura inglesa, porque en el momento decisivo de mi vida se me fue la olla.
Quería empezar este diario estableciendo las reglas del juego, contando un poco de mi vida y prometiendo postear seguido o algo. Iba a decir que en este livejournal contaré mis experiencias como estudiante del último año de la carrera, en el servicio social, como traductora inexperta y como miembro de una familia extraña.
Mi primera y brillante entrada sería sobre los agapornis de mi madre.
Pero no, aunque la entrada sí se relaciona con mi madre. Ella es la persona que más me ha apoyado en la vida. Esté bien o esté mal en lo que decida, entienda o no entienda de lo que le hablo, ella me apoya incondicionalmente y confía en que esté tomando la decisión correcta. No es la persona más docta del mundo, aunque sí tiene muchas experiencias. Nació en un pueblo, estudio hasta la secundaria y se casó muy joven.
Hoy llegué muy estresada de la escuela. Es mi primera semana y ya estoy saturada de tareas, lecturas, pendientes, copias, libros… Le dije que mi vida de pronto estaba llena de ruido cuando hasta el lunes por la mañana había sido pacífica y silenciosa. Que tengo demasiado estrés. Que hay demasiados obstáculos.
Ella me sorprendió al responderme parafraseando una cita del Quijote (de la película, al parecer, pero al fin del Quijote): “¡Nos ladran, Sancho! Es señal de que avanzamos”.
Encontré ese momento extraño y misteriosamente reconfortante.
Soy Lorena, tengo 21 años y los perros me están ladrando. Bastante fuerte. …con que no me orinen todo bien.
SNAFU.